lunes, 28 de enero de 2008

Y yo que pensé que había visto todo...


La pornografía, según datos del 2001, mueve más de 4 mil millones de dólares al año. Se trata de una de las industrias de consumo más asegurado, sin ser un producto de consumo básico como el agua. Casi todo el mundo consume algo de pornografía en algún momento de su vida y muchos son adictos a ella. Además, ha demostrado ser una de las industrias más versátiles que existe, brindando una amplísima gama de productos, desde revistas, fotografías, dibujos, pinturas, películas (con o sin guión), peepshows entre otros. Y dentro de cada una de ellas se muestran decenas de diferentes variantes de pornografía: zoofilia, pedofilia, lesbianismo, bisexualismo, fetichismo, sadomasoquismo, amateur, bondage, hardcore, softcore, anal, hasta "food porno" y tantas variantes como gustos hay en el mundo. Y parece que no tiene fín.

Inclusive la pornografía ha revolucionado el mundo de la tecnología, formando parte de la guerra de formatos entre el VHS y el Betamax,
y ahora entre el HD-DVD y el Blue-Ray. La pornografía digital que se consume vía internet también se ha desarrollado en los últimos años con gran rapidez y forma parte importante del consumo total de productos comerciados en la web, mientras que gran cantidad de material porno circula libremente en forma pirata, lo que ha abierto un debate sobre el control que se debe ejercer en internet debido al consumo irrestricto que muchas veces tienen los niños.

Personalmente, creo que es un fenómeno que no se puede controlar ni tapar con un dedo, ni se trata de una desviación ni nada por el estilo. Lo interesante del porno, sobre todo del norteamericano, son los estereotipos que maneja, sobre todo en el rol de hombres y mujeres. La dominación masculina ha dejado de ser monopólica y la presencia de la mujer como estrella del mainstream porno es cada vez más clara, quizá la que abrió este camino fue
Ilona Staller, la famosa Cicciolina, que ya con más de 56 años y carrera política en Italia fue una de las primeras actrices porno que, además de hacerse millonaria, accedió a círculos sociales que en otro oficio no hubiera podido. Otro cantar fue el de Linda Lovelace, la protagonista del mítico filme Deep Throat, quien acusó a su esposo de encañonarla con un arma mientras a ella la encañonaban con... ustedes me entienden.

En todo caso, actrices de hoy en día como
Silvia Saint, Sandra Shine, Sophie Sweet, Jenna Jameson, Krystal Steal y Michelle Wild (comentario aparte: en la lista tenemos una checa y tres húngaras, sin duda lo mejor que nos ha dado la caída del muro de Berlín) defienden su condición de actriz antes que de mujer explotada (como les gusta decir a las feministas) y lo que hacen es un arte antes que un negocio. Solo por tomar un ejemplo, Silvia Saint, actriz de la República Checa, tiene 31 años, ha participado en más de 200 filmes desde 1995, se le considera la actriz más versátil de los últimos tiempos y anunció en 2001 que se retiraría de la industria porno (a los 25 años) y se dedicaría a ser empresaria, representante y productora. Así que la siguiente vez que vean un videito de ella, con respeto por favor.

Ah bueno, supongo que todos esperan este momento: ¡el vídeo! Es demasiado bueno. No es de ninguna de las actrices arriba mencionadas ni es mi preferido, pero es un buen ejemplo de la variedad que se puede encontrar en internet y de cómo la imaginación no tiene límites cuando se trata del entretenimiento porno. Con ustedes, los pitufos:




Yo siempre supe que Pitufina era una loba...