
Lo que está sucediendo con respecto a la intolerancia de este gobierno y sus aliados -los chacales y cavernarios del conservadurismo local- ya está llegando a niveles intolerables. Me refiero al famoso y mentado texto escolar de la editorial Norma, que según Meche Cabanillas, contiene mensajes apologéticos con respecto al senderismo. Para empezar, el delito de "apología por terrorismo" está en contra de la libertad de expresión irrestricta que deberíamos tolerar como democracia que dicen que somos. Es por eso que Alemania nos mandó a la mierda cuando quisimos extraditar a Mónica Feria, quedamos como una republiqueta bananera represora y autoritarias. La apología en momentos de paz nunca debería ser penada, y esa ley únicamente sirve para amedrentar a los enemigios de turno, o simplemente evitar la disidencia de pensamiento, como le gusta al alanismo.
Hoy Rodrich en Perú 21 comenta:
¿Desde cuándo la Policía revisa textos escolares? Más útil sería, sin duda, la opinión del Consejo Nacional de la Educación, la cual se presenta en esta edición y concluye que no hay problemas con el texto. ¿Querrán ahora decir que el CNE es un centro terruco?Lo que está ocurriendo es una vergüenza para el país, pues son señales de la puesta en marcha de un aparato policíaco –usando a un Ministerio Público crecientemente sinuoso y cercano al poder político– para intimidar y alinear comportamientos al gusto del régimen de turno.
El CNE estaría pronto a dar una delcaración definitiva, y ésta, según he podido averiguar, es totalmente favorable al texto y le da la razón a Norma. Después de eso, sólo queda en la picota la democracia, la libertad de pensamiento y la idea de un sistema educativo moderno y crítico.
Un amigo, historiador, que trabajó en el texto de Norma pero no ha sido mencionado ni redactó las partes en cuestión, se ha solidarizado con sus compañeros de trabajo y además ha redactado la que yo creo que es la mejor declaración de parte hasta ahora. Pone el dedo en la llaga en los temas esenciales, no en los detalles ni las comas o las fechas. Es un viejo conocido de este Blog, Jorge Bayona Matsuda,
un héroe de nuestro tiempo, el mismo personaje que toca flauta en el Huáscar.
El 1984 criollo
Por: Jorge Bayona Matsuda
Como muchos otros ciudadanos he seguido con consternación las declaraciones de una congresista acerca de una supuesta apología al terrorismo en un texto escolar difundido en colegios de la república. En realidad, lo que me preocupa no es si dicho libro verdaderamente contiene mensajes pro-senderistas (que no los tiene), sino la idea de que es prerrogativa del Estado decidir cuál es la “verdad histórica” e imponerla a la población, incluso con amenazas de encarcelamiento a quienes no sigan su línea. En este sentido, los paralelos con la conocida novela de George Orwell, 1984, son causa de preocupación.
En 1984 se describe un mundo distópico en que un partido opresor ejerce control totalitario sobre la parte “pensante” de la población, mientras que el resto está sumido en la ignorancia y miseria material más abyecta. El protagonista es Winston Smith, un funcionario medio del “Ministerio de la Verdad”. Su rutina diaria consiste en modificar los registros históricos para que se acomoden a la “verdad” del partido la cual variaba según sus conveniencias políticas, participar en un ritual de “odio” grupal a quienes no observan la ortodoxia del partido y, evitar que la “Policía del Pensamiento” detecte sus propias ideas heterodoxas, lo cual llevaría a su encarcelamiento y posterior “desaparición” absoluta.
La iniciativa de la congresista busca, de manera similar, eliminar textos que difieren de la ortodoxia del Estado, por lo menos entre los sectores de la población que no pueden comprar un libro académico o les es difícil encontrar un ejemplar del informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Busca alcanzar este objetivo a través de una campaña mediática de “odio grupal” a la que se han sumado diversos medios locales —la publicación de los nombres de los participantes permite ponerle cara e identidad al objeto de odio. Y finalmente, se hace explícita la amenaza latente de ser investigados por nuestros propios gendarmes de la ortodoxia. Solo falta que del Minedu se desprenda un Minver para vislumbrar un 1984 criollo.
Paralelos literarios aparte, ¿qué ha de hacer el ciudadano responsable ante esta situación? El silencio resulta cómplice. Hemos de impedir que el Estado establezca un monopolio sobre la verdad cuya trasgresión esté penada. Hoy son los textos escolares, mañana serán los universitarios. ¿Qué he de hacer yo? Tendría que aclarar primero que el texto del libro escolar pasó por varias manos, entre autores, correctores, revisores y editores. En 2005, yo también trabajé en dicho texto, y aunque no haya sido nombrado (aún) en la campaña de “odio grupal”, es deber mío solidarizarme con los demás participantes. Y en realidad, lo es también de todo ciudadano libre de la república.