lunes, 17 de septiembre de 2007

Y comienza el trompo de litio...

Tuve la suerte de visitar Cajamarca a finales de abril de este año de manera inesperada e improvisada. El viaje casi furtivo duró solamente 3 días, pero este tiempo bastó para observar de una manera rápida la mecánica del lugar y sacar una que otra conclusión acerca de cómo viven los vecinos del norte.

El departamento de Cajamarca está ubicado en la zona norte de la sierra del Perú a 2720 msnm; su capital, Cajamarca, es una de las ciudades más importantes del norte andino, ya que cuenta con el yacimiento aurífero de Yanacocha, que es la mayor mina de oro de Sudamérica y la segunda mayor a nivel mundial.

La primera impresión que causa la ciudad deja al viajero boquiabierto: entre los imponentes cerros andinos y las nubes blancas de sierra, el avión se abre paso para revelar los techos rojos de una de las ciudades más antiguas de América. No hay pierde en un lugar así.


Pero que sean... ¡Putas!

Me sorprende que en Cajamarca consideren que tengo pinta de extranjero (o pischtako). Sólo llevo un maletín y pocas cosas. Es, al fin y al cabo, un viaje de negocios familiares.

Saliendo del aeropuerto no tengo que esforzarme para encontrarme con la realidad: en la altura te salpica a la cara.

Davy College
, Saga Falabella, mansiones, camionetas 4x4 del año... Tal parece que el taxista se equivocó de ruta y se perdió en La Molina, o en Asia. Sin embargo, la ruta del taxi deja rápidamente atrás este espejismo, o mejor dicho, ghetto.

La ciudad es mucho más dura y mucho más parecida a las demás ciudades peruanas "modernizadas" que conozco. Todo está allí: las pollerías, los locutorios, los dvd's en la calle, las pizzerías con vino de caja, los tombos, los chifas menú, los bares 24 horas, los karaokes, las joyerías, las farmacias de cadena, los hostales 2 estrellas, las combis, los taxis, las propagandas de Movistar y Claro. Todo está allí.

El taxista le hace a uno el habla y te pregunta si viajas por negocios o placer. La respuesta no importa, igual te ofrece las mejores putas de la zona: niñas traídas del departamento de San Martín. No estoy exagerando; a cada taxi que me subí, siempre recibí la misma oferta, y si era de noche, de manera más conchuda. Al parecer fue un error viajar estando comprometido.

Crónicas del balón y socavón

Y cuando le pregunté a los cajamarquinos, ya sean taxistas, familiares, etc., acerca de cómo ven a su ciudad la respuesta suele ser más o menos la misma.

Los cajamarquinos son concientes de que la ciudad está creciendo de manera desmedida (brutal), que la contaminación del agua es un problema que afecta a todos, que la mina es la base, sustento y único bastión de su economía, que las autoridades no representan el sentir de la población, que los mineros, hijos de mineros y trabajadores de la mina hacen lo que quieren, que la delincuencia ha crecido de manera incréible (la zona del mercado por la noche es tierra de nadie), y que no parecen haber soluciones cercanas para ninguno de estos problemas.

La vida en Cajamarca parece haber cambiado drásticamente pero nadie hace nada al respecto.

Los 3 días de mi estadía se pasan rápidamente. Tuve la suerte de ser invitado a conocer las afueras de Cajamarca, de caminar por antiguos caminos incaicos y de visitar las famosas aguas termales (que son robadas ilegalmente para usarse en ciertas casas/mansión/hacienda/ghetto).

El paisaje de Cajamarca al atardecer es indescriptible, espectacular. Admito que por un momento me creí que "dios" era perucho. Hasta que llega la noche y se empiezan a prender las luces amarillas de la ciudad; a lo lejos, la luz roja de la minera Yanacocha también se prende.

Todas las personas con las que me entrevisté me transmitieron esa misma sensación de añoranza, de algo que se fue y que no va a volver, de lo perdido irrecuperable. Al parecer, existió un pasado glorioso no muy lejano en el que Cajamarca era una ciudad más limpia, donde habían menos abusos, donde todos los habitantes eran cajachos y no serranos (o gringos) invasores, donde no habían putas, ticos, pollerías y dvd's, donde la campiña estaba limpia y el agua pura: un paraíso en tierra.

Se parece al pasado que conozco de Lima, de Arequipa, de Cuzco, de todos los lugares a los que he frecuentado en el Perú. Y entonces siento pena por haber llegado a la ciudad de Cajamarca cuando ya estaba tan deteriorada y perdida. Siento pena por vivir en un país en el que las cosas ya eran irrecuperables cuando nací. Siento pena porque Lima es gris y horrible, porque el centro ya no es lo que era antes, porque todo ha cambiado. Siento pena porque nunca he visto a la selección en el mundial, porque nunca he visto los triunfos de antaño de los que siempre me hablaron.

Y entonces me doy cuenta de que ese pasado jamás ha existido. Que, como en el fútbol, el Perú es un conjunto de "pudo ser", de "ocasiones de gol", de "sí... pero no", de "buenas actuaciones", de "casi campeonamos la libertadores".

La verdad es que Cajamarca es un lugar muy conflictuado, deteriorado, horrible. Mi vuelta a Lima es más bien penosa. Vuelvo a pasar por el ghetto, Saga, los cines, el colegio gringo. Se quedan atrás los paisajes hermosos, los hoteles baratos, las putas, los bares, los choros, las combis, todo lo que nunca fue y es.

Me contagia entonces esa sensación de tristeza, de dejar atrás algo que nunca podré recuperar.

El trompo de litio

Alan García ha comenzado a entrar en trompo desde hace ya un buen tiempo.

Y cuando Alan García entra en trompo las cosas no resultan bien para nadie, excepto, (claro está), para uno que otro búfalo, minero, banquero o militar.

El problema en Majaz me invita a recordar inevitablemente mi estadía en Cajamarca. La iniciativa de una consulta popular es más que aplaudible en un país en el que los mecanismos de organización social son mínimos y donde las iniciativas democráticas se quedan en el discurso demagógico.

Alan García no tuvo mejor idea que desestimar la consulta popular y afirmar que hay un "conspiración para evitar que el país avance". Le echó la culpa, para variar, a las ONG's, los grupos de izquierda y las organizaciones campesinas.

Este tipo de conductas prepotentes ("El que tenga miedo puede irse"), abusivas, demagógicas, estúpidas e irracionales ya han sido denunciadas previamente por la prensa y medios de comunicación como este blog. Alerta todos los presos políticos, banqueros, inversionistas y peruanos: Alan está entrando en trompo de litio.


Cuentos viejos

¿Y qué hace Alan cuando entra en trompo de litio?

Estatiza la banca, mata presos, asesina campesinos (reporte de Amnistía Internacional), crea un escuadrón de la muerte (Rodrigo Franco) y finalmente huye del país a su millonario hogar en Francia en condición de reo contumaz.

Entonces, esa sensación de lo perdido, de lo ya dejado atrás que nunca va a volver se mezcla con esa sensación que dejaron los ochentas en el Perú: de derrota, desesperanza.

Los dejo con esta joya de la televisión peruana; el que debió ser el último día de Alan García en el Poder: